Monthly Archives: February 2013

“It’s Colombia, Not Columbia” – Positividad como propaganda?

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Recientemente noté que una campaña virtual, “It’s Colombia, Not Columbia” empezada por una empresa digital, Zemora, y su vice-presidente de operaciónes, Carlos Pardo, ha conquistada las redes sociales, y la comunidad colombiana en Twitter y Facebook.

Es algo positivo, creo yo, no solo que nuestros amigos non-colombianos finalmente estarán conscientes del error ortográfico que nos molesta a todos los colombianos, pero que unos jovenes dínamicos de la nación se hayan inventado semejante campaña para rechazar los estereotipos negativos y ignorantes que por demasiado tiempo han definido el imagen internacional del país.

Mucho de lo que la campaña propone es verdad – tanto en terminos de seguridad como reducción de pobreza, en las ultimas dos decadas Colombia ha progresado bastante. Al fondo de la campaña hay una intención muy noble – mostrar el “lado bueno” de Colombia, para que nos conozcan por nuestros maginificos cantantes, artistas, escritores, y activistas por la paz embez de nuestros narcotraficantes y matones. Y, a un paso (dolorosamente) lento, Colombia si esta superando su legado negativo. La Colombia de los años 1990s y los primeros años de los 2000s tenia casi la mitad de sus habitantes viviendo en pobreza; ese numero se ha reducido hoy a un tercio. En el 2002, La organización mundial por la salud de la ONU calificó a Colombia como el país mas violento del mundo, y entre circulos diplomaticos se trataba de un “estado fallido”, hablado de la misma manera en la cual muchos se refieren a Somalia y la República Democratíca del Congo hoy. El 2012, en contraste, tuvo uno de las tasas de asesinatos mas bajas de hace 3 decadas. Tambien vale la pena notar, como el mismo Pardo explica, Medellín, la 2da ciudad del país, fue de ser la capital mundial de asesinatos en 1993 a ser votada una de las ciudades mas “innovadoras” en el 2012.

La campaña, hasta cierto punto, es muy humilde, y sensible al hecho que para demasiados de nosotros y nuestras familias, el baño de sangre que fue los 1990s y los 2000s nos ha dejado con heridas aún muy frescas. Pardo dice que el no quire “negar la realidad de Colombia ni el pasado, pero que si queremos concentrarnos en las cosas buenas”.

Problemas – Quien tiene el derecho de representar a Colombia? Quien fue el responsable por todo este “progreso”?

Sin embargo, Colombia, aún un país muy bello con un pueblo fuerte y resiliente, y con muchas cosas “positivas” que valen la pena resaltar, es todavia una sociedad racista, violenta, y sumamente desigual. Es necesario ser ultra-crítico: Cuales son las cosas “positivas” que se enfatizan? Los imagenes y cuerpos de quien son excluidos? No sorprende, que con una buena pasada por la pagina de Facebook de la campaña, solo se ve los imagenes típicos de la Colombia “avanzada” y “moderna”, con mayoritariamente cuerpos blancos y mestizo de tez europea, quienes parecen pertenecer a la global y cosmopolitana clase-media, con iPhones y todo.

La población ‘real’ del país, al contrario de lo que muchos colombianos quisieran presentar en el exterior, es un poco mas diversa. Por ejemplo, según algunas aproximaciones del PNUD, un tercio del país vive en el campo, y según organizaciónes afro como El Proceso de Comunidades Negras (PCN), hasta 20% del país se podra identificar como afrodescendiente. Colombia tambien tiene una población pequeña pero no insignificante de indigenas, quienes cuentan con ser de 3-5% de la población nacional, y tambien hay una comunidad de arabes en la costa caribe, ni de que hablar de los otros grupos etnícos y sociales que no hacen parte de mitos nacionales dominantes; me refiero a los 35% de colombianos que viven en la pobreza, el aproximado 4.6 milliones que viven en la míseria. Donde esta el lugar de esa Colombia, Colombia entera, con su bueno, su malo, y su feo en esta campaña? Por si caso, la Colombia en la cual solo mencionamos lo “positivo” es una donde no hay minorias etnícas, campesinos, gente pobre?

Ademas, esta campaña no es nada nuevo. Pardo reconoce la historia de campañas de red social anteriores que tambien han tratado de restorar el imagen dañado de la república, como ‘Un Millón de Voces Contra las FARC’ (UMVCF).

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Un poco de contexto para los que se perdieron de este movimiento: En el 2008, el estudiante de ingeneria barranquillero, Oscar Morales, tras Facebook, creo la campaña UMVCF – un movimiento virtual contra la insurgencia marxista (o como algunos les dicen ‘narco-terroristas’), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo (FARC-EP), pidiendo fin a la violencia, en particular a los secuestros. La campaña de Morales fue super exitosa, con literalmente milliones de colombianos, de todos estratos, saliendo a marchar a las calles. Morales, como ha sido documentado en la excelente crónica de la historia del Facebook por David Kirkpatrick, “The Facebook Effect”, se volvió en eje central del cuento de Mark Zuckerburg, el joven creador de Facebook y multimillionario, de que la naturaleza abierta y conectiva del FB podria traer cambio social y paz al mundo. Lo que a Pardo y a Zuckerburg les faltó mencionar es que una campaña contra un actor armado no es necesariamente una campaña para la paz. UMVF fue una especie de regalo político al discurso de demonización a la disidencia y de la “guerra contra/del terror” del ex-Presidente Alvaro Uribe Vélez, y su contrainsurgencia apoyada por los EEUU. UMVCF tambien fue muy conveniente para el estado como la campaña estaba muta sobre los abusos de la Fuerza Pública y las autodefensas/los paramilitares quienes han sido vinculado con el proyecto militar del estado colombiano.

De una manera similar, “It’s Colombia, Not Columbia” puede ser interpretada como una publicidad gratis para la agenda del gobierno nacional. Dentro de Colombia, todo el mundo conoce que el gobierno esta tratando de hacer un “marketing” profesional, y comercializar el imagen del país, con las campañas “Colombia, es pasión” y “Colombia, the only risk is wanting to say” (“Colombia, el unico riesgo es querer quedarse), todo aspirando en salir de la sombra de las guerrillas y el narcotrafico para presentar a Colombia como una opción viable para el turismo y la inversión extranjera.

Este pedazito de la entrevista en The Huffington Post con Pardo, traducido del inglés, creo que habla por si solo.

Hay algunos que dirian que Colombia no es el paraiso que la campaña esta pintando. Por ejemplo, pese a los actuales dialogos de paz, todavia las guerrillas del ELN y las FARC siguen comitiendo actos violentos, y Colombia sigue siendo el primer productor de coca en el mundo. Entonces, cuales exactamente son los cambios que ustedes quieren que el mundo vea?

Pardo: Queremos que la gente comprenda que Colombia es mucho mas de lo que se ve en los medios.  Queremos balancear el mensaje, y mostrar el lado positivo. Hoy, Colombia tiene una economía fuerte y los inversiónistas estan mirando hacia Ameríca Latina, particularmente a Colombia quien durante la crisis mundial financiera a mostrado tasas de crecimiento sostenibles. Creo que Zemora es un ejemplo de esos cambios, la gente piensa que todo lo que Colombia exporta es café, y eso es importante, pero también exportamos servicios digitales a clientes como Toyota, Nissan, BMW, Sea World”

De nuevo, Pardo no esta necesariamente equivocado – Colombia si se puede identificar como una de las economias mas fuertes de Ameríca Latina, si no del mundo, en este actual deprimiento global económico. Lo que a Pardo se le olvida mencionar, es que de acuerdo con el programa de desarollo economico del actual Presidente, Juan Manuel Santos, la extracción de los recursos naturales, y no la economia digital, sera la “locomotora” del crecimiento. Con la liberalización del comercio, y el “re-establecimiento” (violento) del estado en areas anteriormente “marginales” del campo, controladas por las guerrillas y ricas en recursos, gracias a la contrainsurgencia y la “estabilización” del país, Colombia ahora esta “open for business”/lista para la inversión. Vale notar que durante los dos periodos del Ex-Presidente Uribe, la inversión extranjera en Colombia, se triplicó.

Mi otro bello país, el Canadá, ya ha comenzado a agresivamente invertir en el sector minero coombiano, y un banco canadiense ya se apropió una de las instituciones financieras mas importantes de Colombia. Acusaciones de nexos entre la mineria, la agroindustria, y los neo-paramilitares han surgido por todos lados. Tambien tengo que mencionar como la multinacional gringa Drummond, recientemente fue responsable de un catastrofe ambiental en la costa caribe, y que los trabajadores de la mina del Cerrejón, la mina mas grande de carbón del mundo, en una de los departamentos mas indigenas y mas pobres de Colombia, La Guajira, estan en huelga pidiendo una mejor renumeración. Del otro lado, si, la pobreza se ha reducido 15% en una decada, pero el GINI, la medida de la desigualdad, casi ni se ha movido de su altura de 0.57 a su actual nivel de por ahi 0.55, haciendo que Colombia sea el país mas desigual de Ameríca Latina, despues de Bolivia y Haití, y uno de los mas desiguales del mundo.

Por decir lo menos, la inversión extranjera que parece como una motivación de esta campaña urbana, no esta sin su controversia. Se puede decir que esta inversión esta perjudicando lo maximo, y devolviendo lo menos, a aquellos quienes son invinsibles en la campaña “It’s Colombia, Not Columbia” y quienes historicamente han sido invisibilizados por la sociedad colombiana – los indigenas, gente pobre, los afro, los desplazados, la gente que vive en el campo y las regiones “periferas”.

En sintesis, ya que la paz con las FARC se acerca, los colombianos tenemos que re-conceptualizar que es “Colombia” (y como queremos que sea percibido en el exterior) para que podramos sobrepasar (pero nunca olvidar) el legado ultra-violento de la nación. Crearemos un nuevo pacto social, reconoceremos los crimenes de los poderosos, y haremos una Colombia mas diversa, mas inclusiva, (como la de la constitución del 91), y nos alejaremos de las estructuras de poder y desigualdad quienes dieron leña al fuego de la violencia en el primer plazo? O continuaremos a sostener los mismos cuentos de nación, y sistemas de desigualdad en donde algunos son escuchados, muchos callados, y las riquezas de la nación son vendidas al extranjero mas rico sin la consulta prevía de las comunidades quienes viven sobre ellas, pero en la cual baseamos a los extranjeros quienes se atreven a reconocer nuestras desgracias, o mucho peor, no saben como se escribe “Colombia”?

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“It’s Colombia, Not Columbia” Viral Campaign – Positivity as propaganda?

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I recently noticed that a viral campaign called “It’s Colombia, Not Columbia”, started by a digital social media firm Zemoga and its Vice-President Carlos Pardo,  has taken the Colombian community on Facebook and Twitter by storm.  The campaign received a nod over at the Huffington Post, recognition by CNN,  has been endorsed by ultra-famous Colombian investigative Journalist Guillermo Prieto better known as “Pirry”, and has already come out with it’s own line of T-shirts.

It’s a positive development not only that our non-Colombian friends will be aware of the spelling mistake which irks all Colombians everywhere, but that young, dynamic, and social media savvy Colombians are trying to reject the negative and ignorant stereotypes that have far too-long defined the country internationally.

Much of what the campaign is espousing is true – both in terms of security and poverty reduction, Colombia has made huge gains in the last 20 or so years. The heart of the campaign has an extremely noble intention – showing the “good” side of Colombia, so that we can be known for our wonderful singers, artists, writers, and people trying to build peace instead of our drug traffickers and warlords. And (painfully) slowly, Colombia is indeed overcoming it’s negative legacy. The Colombia in the late 1990s and early 2000s had over half of its people in poverty (or at least how the government measures it), that number has gone down to a third today. In 2002, the World Health Organization (WHO) considered Colombia the world’s most violent country and it was spoke of in diplomatic circles as a “failed state” in the same breath as Somalia and the DRC are today. 2012, by contrast, saw one of the lowest murder rates in almost 30 years.  Also worth nothing, as Pardo himself mentions, Medellín, the 2nd largest city, went from being the murder capital of the world in 1993  to last year being voted one of the most “innovative” cities in the world.

The campaign is humble, and sensitive to the fact that far too many of us, and our family members, have very fresh wounds from the peaks of violence in the late 1990s and early 2000s. Pardo says that he does not want to “deny Colombia’s reality or its past but we do want to concentrate on the good things.”

Problemas – Who gets to represent Colombia? Who is responsible for the “recovery”?

However, Colombia, although a beautiful country with a resilient people and many, indeed “positive” things worth highlighting, is still a racist, violent, and extremely unequal society. Therefore, the need to be critical is manifest: What are the “positive” things that are being mentioned? What images and whose bodies are excluded? Not surprisingly,a long scroll through the campaign will only show the usual images of a “modernized” and “advanced” Colombia of mostly White and light-skinned Mestizo bodies, who are seemingly a part of the global and cosmopolitan urban middle-class, smart phones and all.

Colombia’s actual population, in contrast to what many within the country would like to project, is a bit more diverse. According to some estimates by the UNDP, Colombia is up to a 1/3 rural, and according to Afro-Colombian organizations such as El Proceso de Comunidades Negras (PCN), up to 20% Afro-descendant. Colombia also has a small yet not insignificant indigenous population, which is 3-5% of the population, and a population of Arab descent in the Caribbean coast, to say nothing of other ethnic and social groups that are not a part of dominant national myths; the 35% of Colombians who live in poverty, the estimated 4.6 million who live in extreme poverty (under $2/day). Where is the place of that Colombia, Colombia in its whole, the good, the bad, and the ugly, in that campaign? Is a Colombia where we show only “positive” things also a Colombia without ethnic minorities, rural people, people living in poverty?

Furthermore, this campaign is nothing new. Pardo recognizes the history of previous social media campaigns trying to restore the republic’s damaged reputation, such as One Million Voices Against The FARC (Un millón de voces contra las FARC) (OMVAF).

A bit of history on the movement:  In 2008, Barranquillero Engineering student Oscar Morales started the OMVAF campaign – a Facebook movement that organized protests against the Marxist insurgency who has been at war with the government since 1964, the Revolutionary Armed Forces of Colombia – The People’s Army (FARC-EP), asking or an ending to kidnappings. Morales’ campaign was insanely successful with literally millions of Colombians of all walks of life out in the streets (protests in Colombia, aside from victim’s movements, are largely frowned upon by the upper and middle-classes). Morales, as documented by David Kirkpatrick’s must-read about Facebook, “The Facebook Effect”, became a key part of Mark Zuckerburg’s narrative of how Facebook’s openness can bring peace and social change to the world. What Pardo and Zuckerburg neglect, however, is that a campaign against one warlord is not a campaign for peace. OMVAF fight quite nicely into the ‘War on/of Terror’ dissident demonization discourse of former President Alvaro Uribe Vélez’s American-supported counterinsurgency campaign, in which any possible negotiation with the guerrillas was shut down in favour of a military solution to the conflict. OMVAF was also extremely useful for the state as it was silent on the crimes of the Colombian Army and the right-wing paramilitaries who have been often associated with the state’s pursuit of the guerrillas.

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In a similar vein, “It’s Colombia, Not Columbia” could be interpreted as basically free publicity for the Colombian government’s agenda. Within Colombia, it’s common knowledge that the government has hired a professional PR firm to create a Colombia “brand” in order to market the country as a viable option for tourism and investment, and trying to move out of the shadow of the FARC and Pablo Escobar.

The exchange below from the Huffington Post interview I think is telling

There are some people who’d say that Colombia may not be the paradise that the campaign paints it out to be. For example, despite the current peace talks, violence still exists by the FARC and ELN rebel groups and Colombia remains the largest supplier of cocaine in the world. So what exactly are the changes that you want the world to see in Colombia?
We want people to understand that Colombia is much more than what they see in the media. We want to balance out the message and tell the positive side. Today Colombia has a solid economy and investors are looking towards Latin America, especially Colombia because during the current global financial crisis Colombia has shown sustainable growth rates. I think Zemoga is an example of these changes, people think Colombia is a coffee exporter and it is but it also exports digital services to clients like Toyota, Nissan, BMW, Sea World.”

Again, Pardo is not necessarily wrong – Colombia can confidently claim to have one of the strongest economies in Latin America, if not the world, in this current Great Recession. What Pardo fails to mention is that, in line with the current President Juan Manuel Santos’ development plan for Colombia, natural resource extraction, not the knowledge and digital economy,  will be the engine of economic growth. With economic liberalization through Free Trade Agreements, and the (largely violent) ‘re-establishment’ of the state in formerly ‘marginal’ and guerilla-controlled,yet resource-rich, rural areas  thanks to the counterinsurgency, Colombia is for the last decade has become “open for business”. Indeed, during former President Uribe’s two terms, foreign direct investment in Colombia tripled.

My other wonderful country, Canada, has already begun investing heavily in Colombia’s mining sector, and a Canadian bank has now taken control over one of Colombia’s most important financial institutions. Allegations of connections between the mining industry, and large agro-business and neo-paramilitary groups are countless. I also have to mention how Drummond, an American multinational, has recently been responsible for a huge fossil fuel spill off of the Caribbean coast, and the workers of Cerrejon mine, the largest open-pit coal mine in the world which is located in one of Colombia’s ‘most indigenous’ and 2nd poorest state, La Guajira, have gone on strike asking for better pay. On the other hand, poverty has been reduced by 15% in a decade, although the GINI coefficient, measuring inequality for Colombia, has barely budged from a high of o.57 to a current level of 0.55, making Colombia the most unequal country in Latin America after Haiti and Bolivia, and one of the most unequal in the world.

To say the least, the foreign direct investment which this seemingly urban-produced branding campaign invites, is not without controversy. Arguably, it is taking the most, and giving the least, to those who are invisible and have been historically invisibilized in Colombian society – Indigenous people, poor people, Afro-Colombians, displaced people, and people living in the countryside or in “peripheral” regions.

In conclusion, as peace with the FARC approaches, Colombians must indeed re-conceptualize what “Colombia” is (and how its want to be perceived) so that we can move past (but never forget) the nation’s hyper-violent legacy. Will we create a new social deal, recognize the crimes of the powerful, and try and move towards a new, more diverse, and inclusive Colombia which does not reproduce the systems of inequality that fed the violence in the first place? Or will we continue to sustain the same narratives and power structures in which some are heard, many are silenced, and the country’s riches are sold off to the highest bidder with little consent from the communities who live on them, but where we criticize foreigners when they dare point out our shortcomings, and even worse, misspell “Colombia”?

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